Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras UNA NOTICIA
SE había, en fin, pasado el círculo polar. El 30 de abril, al mediodía, el Forward atravesaba Holsteinborg, y sus tripulantes veían levantarse en el horizonte del Este montañas pintorescas. El mar parecía libre de hielos, o por lo menos los hielos que en él flotaban podían evitarse fácilmente.
El viento saltó al Sudeste, y el bergantín, con su trinquete, su cangreja, sus gavias y sus juanetes remontó el mar de Baffin.
Aquella jornada fue particularmente de calma, y la tripulación pudo descansar un poco. Numerosas aves nadaban y revoloteaban alrededor del buque, y el doctor notó entre ellas algunas alcas, muy parecidas a cercetas, con cuello, alas y lomos negros y el pecho blanco. Se zambullían con rapidez, y con frecuencia permanecían sumergidos más de cuarenta segundos.
Ningún incidente nuevo se hubiera registrado aquel día si no se hubiese producido a bordo el hecho siguiente, que es sin duda extraordinario.
A las seis de la mañana, Ricardo Shandon, al entrar en su camarote después de hacer su guardia, halló encima de su mesa una carta con esta dirección:
«Al comandante Ricardo Shandon, a bordo del Forward.
Mar de Baffin».

