Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras EL POLO MAGNÉTICO
A medida que se iba acercando al estrecho de Bellot, Hatteras sentÃa redoblarse sus inquietudes. La suerte de su viaje iba a decidirse. Hasta entonces habÃa hecho más que sus predecesores, de los cuales McClintock, el más afortunado de todos, habÃa empleado quince meses en alcanzar aquella parte de los mares polares. Pero lo que habÃa conseguido Hatteras era poco, era nada, si no llegaba a pasar aquel estrecho. No pudiendo retroceder, quedarÃa bloqueado hasta el año siguiente.
No quiso confiar a nadie más que a sà mismo el cuidado de examinar la costa. Subió a un tope, donde pasó algunas horas de la mañana del sábado.
La tripulación comprendÃa perfectamente la situación del buque. Un profundo silencio reinaba a bordo; la máquina moderó sus movimientos, el Forward se mantuvo tan cerca de tierra como le fue posible; la costa estaba erizada de esos témpanos que no llegan a derretir los calores del verano más riguroso, y se necesitaba tener ojos de lince para descubrir entre ellos una entrada.
Hatteras cotejaba sus cartas con lo que sus ojos distinguÃan en tierra. El sol se habÃa dejado ver un instante hacia el MediodÃa, lo que permitió al capitán hacer tomar a Shandon y a Wall una observación bastante exacta que le fue transmitida en voz alta.
