Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Júzguese cuál serÃa el efecto producido por semejantes narraciones en la moral de una tripulación, ya mal dispuesta.
Durante esta conversación, Johnson se ocupaba con el doctor de un acontecimiento de que habÃan sido teatro aquellos parajes. El doctor, por habérselo pedido Johnson, advirtió a éste el momento preciso en que el bergantÃn se hallaba a los 75° 30′ de latitud.
—¡Aquà es! ¡Aquà es! —exclamó Johnson—. ¡He aquà la tierra funesta!
Y las lágrimas brotaban de los ojos del digno contramaestre.
—¿Os referÃs a la muerte del teniente Bellot? —le preguntó el doctor.
—¡SÃ, señor Clawbonny! A la muerte de aquel bravo oficial, de tanto corazón y tanto denuedo.
—¿Y decÃs que aquà es donde sucedió la catástrofe?
—¡Aquà mismo, en esta parte de la costa de North Devon! ¡Oh! ¡Hay en todo lo que pasó una gran fatalidad, y nada hubiera sucedido si el capitán Pullen hubiese llegado antes a bordo!
—¿Qué queréis decir, Johnson?
—Escuchad, señor Clawbonny, y veréis de qué depende frecuentemente la existencia. Ya sabéis que el teniente Bellot hizo una primera campaña para descubrir el paradero de Franklin, en 1850.