Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras En efecto, el bergantÃn se encontraba en el centro de una masa de hielo que lo rodeaba enteramente, y si bien su quilla estaba sumergida en el agua, no se podÃa mover; pero aunque permanecÃa inmóvil, el campo marchaba con él.
—Derivamos, capitán —gritó Johnson.
—Dejémonos llevar —respondió Hatteras.
¿Cómo, por otra parte, hubiera podido oponerse a la fuerza que le arrastraba?

Amaneció, y entonces se vio con toda claridad que bajo la influencia de una corriente submarina, el banco de hielo derivaba con rapidez hacia el Norte. Aquella mole flotante arrastraba al Forward, clavado en medio del icefield, cuyo lÃmite no se veÃa. Previendo una catástrofe en el caso de que el bergantÃn fuese arrojado a una costa o aplastado por la presión de los hielos, Hatteras mandó subir a cubierta urna gran cantidad de provisiones, los efectos de acampada, y los vestidos y mantas de la tripulación, y siguió el ejemplo del capitán McClure, que en una circunstancia análoga hizo rodear el buque de un cinto de coys hinchados de aire para ponerlos a cubierto de las grandes averÃas. Muy pronto, acumulándose el hielo bajo la influencia de una temperatura de 7° (—14° centÃgrados), el buque se vio rodeado de una muralla, encima de la cual no sobresalÃa más que su arboladura.