Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras UNA VIEJA ZORRA DE JAMES ROSS
EN aquel dÃa, el termómetro bajó a 3° bajo cero (—16° centÃgrados). El tiempo era bastante calmoso, y como no hacÃa viento, el frÃo se soportaba fácilmente. Aprovechándose de la claridad de la atmósfera, Hatteras fue a reconocer las llanuras circundantes. Subió a uno de los más erguidos icebergs del Norte; el campo de su anteojo no abrazó más que una cordillera de icefields y montañas de hielo. Ni un átomo de tierra a la vista. Aquello era la imagen del caos, bajo su más triste aspecto. Se volvió a bordo, procurando calcular la duración probable de su cautiverio.
Los cazadores, y entre ellos el doctor, James Wall, Simpson, Johnson y Bell, no dejaban de proveer al buque de carne fresca. Las aves habÃan desaparecido, buscando hacia el Sur climas menos rigurosos. Únicamente los ptarmiganos, perdices de roca, propias y exclusivas de aquella latitud, no huÃan delante del invierno. Se les podÃa matar fácilmente, y su gran número prometÃa una abundante reserva de volaterÃa.

