Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras POR LOS CAMPOS DE HIELO
LOS expedicionarios descendieron hacia el Sudeste. Simpson dirigía el trineo. Duck le ayudaba con celo, sin que le causase novedad el oficio de sus semejantes. Hatteras y el doctor marchaban detrás, y Bell, encargado de despejar el camino, avanzaba a la cabeza, sondeando los hielos con la punta de hierro de su palo.
La subida del termómetro anunciaba una nevada, que, efectivamente, no se hizo aguardar mucho. La nieve cayó muy pronto en densos copos. Aquellos torbellinos opacos eran una nueva dificultad para los viajeros, que se separaban de la línea recta. No andaban de prisa; sin embargo, se pudo contar que por término medio harían unas tres millas por hora.
El camino de hielo, atormentado por las presiones de la helada, presentaba una superficie desigual y escabrosa. Los choques y tropezones del trineo eran frecuentes, y siguiendo las pendientes del camino se inclinaba algunas veces lo suficiente para causar zozobra, pero, en fin, se salió del paso.
