Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras LA MUERTE DE SIMPSON
SE prosiguió el viaje. Ideas nuevas e inesperadas asaltaron el cerebro de todos; porque un encuentro en aquellas tierras boreales es el acontecimiento que puede sobrevenir de mayor trascendencia. Hatteras fruncÃa el entrecejo con una inquietud suma.
—¡El Porpoise! —Se preguntaba a sà mismo—. ¿Qué buque es el Porpoise? ¿Qué viene a buscar tan cerca del Polo?
Este pensamiento le causaba sudor a pesar de la temperatura. El doctor y Bell no pensaban más que en los dos resultados que podÃa producir el descubrimiento de aquel documento: salvar a sus semejantes o ser salvados por ellos.
Pero pronto volvieron las dificultades, los obstáculos, las fatigas, y ya no pudieron pensar más que en su propia situación, tan peligrosa entonces.
El estado de Simpson empeoraba. No pudieron ocultarse al doctor los sÃntomas de una muerte próxima.

Pero el doctor nada podÃa hacer, y él mismo sufrÃa cruelmente a consecuencia de una oftalmÃa dolorosa, que, si la descuidaba demasiado, podÃa privarle de la vista.
