Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras EL PERRO-CAPITAN
CON el 5 de abril habÃa llegado el dÃa de la partida. La admisión del doctor a bordo tranquilizaba algo los ánimos. Donde se proponÃa ir el digno sabio, se le podÃa seguir sin recelo. Sin embargo, los marineros, en su mayor parte, no las tenÃan todas consigo, y Shandon, temiendo que la deserción dejase algunos vacÃos a bordo, deseaba con toda el alma hallarse en alta mar. Perdidas de vista las costas, la tripulación se resignarÃa, no pudiendo hacer otra cosa.
El camarote del doctor Clawbonny estaba situado en el fondo de la popa, y ocupaba casi toda la toldilla. Los camarotes del capitán y el segundo, que estaban entre la popa y la proa, permitÃan ver desde ellos la cubierta. El camarote del desconocido capitán, al cual no podÃa entrar más que él, pues, por recomendación suya, le enviaron la llave a Lubeck, estaba herméticamente cerrado, después de haber introducido en él varios instrumentos, muebles, abrigos de viaje, libros, ropa para mudarse y otros utensilios indicados en una nota detallada.
