Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Nada! ¡Los vÃveres nos han faltado, y nos ha rendido la fatiga! ¡Ni siquiera hemos ganado la costa indicada por Edward Belcher!
—AsÃ, pues —repuso el viejo marino—, ¿no hay nada de combustible?
—¡No!
—¿Ni vÃveres?
—¡Tampoco!
—¡Ni hay buque para volver a Inglaterra!
El doctor y Johnson callaron. No habÃa valor bastante para mirar frente a frente una situación tan terrible.
—¡En fin —repuso el contramaestre—, nuestra situación al menos es franca! ¡Sabemos a qué atenernos! Pero vamos a lo más preciso; la temperatura es glacial; es menester construir una casa de nieve.
—Sà —respondió el doctor—, con el auxilio de Bell será cosa fácil; después iremos a buscar el trineo; nos traeremos al americano, y hablaremos de todo con Hatteras.
—¡Pobre capitán! —dijo Johnson, que hallaba medios de olvidarse de sà mismo—. ¡Cuánto debe de sufrir!
El doctor y el contramaestre volvieron a donde estaban sus Compañeros.