Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Terminada esta narración, reinó en la casa de hielo un prolongado silencio. El sombrÃo cuadro del incendio del buque, la pérdida de aquel bergantÃn tan precioso, se presentaron más vivamente a la imaginación de los náufragos, que se sintieron en presencia de lo imposible, y lo imposible era el regreso a Inglaterra. No se atrevÃan a mirarse, temiendo el uno sorprender en el semblante del otro la expresión de una desesperación absoluta. No se oÃa más que la respiración precipitada del americano.
Hatteras tomó al fin la palabra.
—Johnson —dijo—, os doy gracias; habéis hecho todo lo posible para salvar mi buque, pero solo no podÃais resistir. Repito que agradezco vuestros esfuerzos, y no hablemos más de la catástrofe. Reunamos nuestras fuerzas para la salvación común. Somos aquà cuatro compañeros, cuatro amigos, y la vida de uno vale tanto como la del otro. Que cada cual manifieste, pues, su opinión acerca de lo que conviene hacer.
—Interrogadnos, Hatteras —respondió el doctor—, os somos enteramente adictos, y vuestras palabras saldrán del corazón. ¿Tenéis vos alguna idea?
—Yo solo no me atrevo a tener ninguna —dijo Hatteras con tristeza—. Mi opinión podrá parecer interesada. Quiero, pues, conocer antes la vuestra.