Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras EL PORPOISE
EL 24 de marzo era domingo de Ramos, dÃa de gran fiesta, en que las calles de muchas aldeas y ciudades de Europa se cubren de flores y de hojas, y las campanas pueblan los aires de sonidos, y la atmósfera se llena de penetrantes perfumes.
Pero en aquel paÃs desconsolador, ¡qué tristeza! ¡Qué silencio! ¡Nada más que un viento desapacible y áspero, y ni una hoja seca, ni un tallo de hierba!
Y, sin embargo, aquel domingo era también un dÃa de alegrÃa para los viajeros, porque iban a hallar al fin recursos sin los cuales estaban condenados a una muerte próxima.
Apresuraron el paso; los perros tiraron con más energÃa, Duck expresaba con sus ladridos su satisfacción, y la comitiva llegó luego al buque americano.
El Porpoise estaba enteramente sepultado en la nieve. No tenÃa ni palos, ni vergas, ni jarcias; todos sus aparejos se rompieron cuando naufragó. El buque se hallaba encajonado en un lecho de rocas completamente invisible entonces. Echado sobre un costado por la violencia del choque, tenÃa abierta la carena, y parecÃa inhabitable.
