Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras EXCURSION AL NORTE DE LA BAHÍA VICTORIA,
AL día siguiente, apenas rayó el sol, Clawbonny se encaramó por las rudas pendientes del murallón de rocas en que se apoyaba la «Casa del Doctor», murallón que terminaba en una especie de cono truncado. No sin trabajo consiguió el doctor llegar a su cima, y desde allí su mirada abarcó una vasta extensión de terreno conmovido, que parecía ser el resultado de algún sacudimiento volcánico. Un inmenso manto blanco cubría el continente y el mar, sin que fuese posible distinguir uno de otro.

Al reconocer que aquel sitio culminante dominaba toda la llanura que lo circundaba, el doctor tuvo una idea, que no puede causar admiración a los que conocemos su fecunda inventiva.
Maduró su idea, la combinó, pero sin probabilidades de éxito, y cuando fue completamente dueño de ella, volvió a la casa de nieve y la comunicó a sus compañeros:
—Se me ha ocurrido colocar un faro en la cúspide del cono que se levanta sobre nuestras cabezas.
—¿Un faro? —Contestaron todos.
