Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras HUELLAS ALARMANTES
DURANTE la noche del 26 al 27 de abril varió el tiempo. El termómetro bajó sensiblemente, y los habitantes de la «Casa del Doctor» lo notaron por el frío que se filtraba debajo de sus mantas. Altamont, de guardia junto a la estufa, tuvo mucho cuidado del fuego, y se vio en la precisión de alimentarlo muy abundantemente para mantener la temperatura interior a 50° sobre cero (+10° centígrados).
Aquel enfriamiento, del que se alegró el doctor, anunciaba el fin de la tempestad, y por consiguiente se iban a emprender de nuevo las ocupaciones habituales, la caza, las excursiones, el reconocimiento del terreno, lo que pondría un término a aquellos ocios solitarios, durante los cuales llegan a agriarse los mejores caracteres.
Al día siguiente por la mañana, el doctor se levantó temprano y se abrió un camino por entre los hielos acumulados, llegando hasta el faro.

El viento había saltado al Norte; la atmósfera era pura, y grandes extensiones blancas ofrecían al pie un tapiz firme y resistente.
