Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras LA CARCEL DE HIELO
AL día siguiente, se trató de organizar una cacería, en la cual debían tomar parte Hatteras, Altamont y el carpintero. Las huellas alarmantes no se habían renovado, y los osos habían renunciado decididamente a su proyecto de ataque, ya fuese por miedo a sus enemigos desconocidos, ya por no haberles revelado nada nuevo la presencia de seres animados debajo de aquella mole de nieve.
Durante la ausencia de los tres cazadores, el doctor debía llegar hasta la isla Johnson, para reconocer el estado de los hielos, y hacer algunas observaciones hidrográficas. El frío era muy intenso, pero los invernadores lo soportaban bien, habiéndose acostumbrado ya su epidermis a temperaturas exageradas.
El contramaestre debía permanecer en la «Casa del Doctor».
Los tres cazadores hicieron sus preparativos de marcha. Todos llevaban escopetas de dos tiros, de cañón rayado y balas cónicas; tomaron una cantidad de pemmican, para el caso de que la noche los sorprendiese antes de concluir su excursión, y se armaron además con el inseparable cuchillo de nieve, que es el utensilio más indispensable en aquellas regiones y con una hacha puesta en la cintura, encima de un chaquetón de piel de reno.
