Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras LA MINA
LA noche llegó y la lámpara del salón empezaba ya a amortiguarse en aquella atmósfera pobre de oxígeno.

A las ocho se hicieron los últimos preparativos. Se cargaron con cuidado las armas y se practicó una abertura en la bóveda de la snow-house.
Hacía ya algunos minutos que se estaba trabajando, y Bell daba nuevas pruebas de su destreza cuando Johnson, saliendo del dormitorio en que estaba de observación, se dirigió rápidamente a sus compañeros. Estaba inquieto.
—¿Qué tenéis? —le preguntó el capitán.
—¿Yo? ¡Nada! —respondió con voz balbuciente el viejo marino—. Y sin embargo…
—¿Pero qué sucede? —preguntó Altamont.
—¡Silencio! ¿No oís un ruido singular?
—¿Hacia qué lado?
—¡Allí! ¡Algo pasa en la pared del dormitorio…!
Bell suspendió su trabajo y todos escucharon.

Se percibía un ruido lejano, que parecía producido en la pared lateral, siendo evidente que se estaba abriendo un agujero en el hielo.
—¡Escarban! —dijo Johnson.
