Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras LA PRIMAVERA POLAR
LOS cautivos estaban libres, y manifestaron su alegría dando al doctor las más expresivas gracias. El viejo Johnson sintió no poder aprovechar las pieles de los osos, que estaban quemadas e inservibles, pero este sentimiento no era de tal magnitud que influyese ostensiblemente en su humor.
Se pasó el día reparando la casa de nieve, que se había resentido mucho de la explosión. Se la desembarazó de los témpanos hacinados por los animales y se compusieron sus paredes. El trabajo se hizo con rapidez, al compás de las alegres canciones que cantaba el contramaestre.
Al día siguiente la temperatura mejoró mucho, y por un repentino salto de viento, el termómetro subió a 15° sobre cero (—9° centígrados). De una diferencia tan considerable se resintieron vivamente los hombres y las cosas. La brisa del Sur aparecía acompañada de los primeros indicios de la primavera polar.
Aquel calor relativo duró algunos días. El termómetro, al abrigo del viento, señaló hasta 31° sobre cero (-1° centígrado), y empezaron a manifestarse síntomas de deshielo.
El hielo se agrietaba. Algunos arroyos de agua salada brotaban en distintos puntos como las fuentes de un parque inglés, y algunos días después la lluvia caía abundantemente.
