Aventuras del capitan Hatteras

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Capítulo XIX

MARCHA AL NORTE

AL día siguiente, al rayar el alba, Hatteras dio la señal de marcha. Los perros fueron enganchados al trineo. Bien alimentados y descansados, después de un invierno pasado en muy buenas condiciones, no tenían ninguna razón para no prestar grandes servicios durante el verano. No se hicieron, pues, de rogar para ponerse sus arneses de viaje.

Eran aquellos perros groenlandeses muy honrados animales. Su salvaje naturaleza se había modificado poco a poco; perdían cada día más la semejanza que tenían con el lobo, para irse pareciendo a Duck, el más acabado modelo de la raza canina; en una palabra, se civilizaban.

Duck podía indudablemente reclamar una parte en su educación, él les había dado lecciones de compañerismo y predicaba con el ejemplo; en calidad de inglés, muy puntilloso en cuestiones de urbanidad, tardó mucho tiempo en familiarizarse con perros «que no le habían sido presentados en debida forma», y al principio no les dirigió la palabra; pero a fuerza de participar de los mismos peligros, de las mismas privaciones y de la misma fortuna, contrajo poco a poco relaciones íntimas con animales de raza tan diferente. Duck, que tenía buen corazón, dio los primeros pasos, y toda la gente de cuatro patas formó luego una sola familia.


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