Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras HUELLAS EN LA NIEVE
EL dÃa 4 de julio se pasó en medio de una niebla muy espesa. El camino del Norte no se pudo seguir sino con las mayores dificultades, siendo a cada instante preciso el compás náutico para verificarlo. Por fortuna, no sobrevino durante la oscuridad más accidente que el haber perdido Bell sus snow-shoes, que se rompieron contra el borde cortante de una roca.
—A fe mÃa —dijo Johnson—, yo me figuraba que después de haber frecuentado el Mersey y el Támesis estábamos curados de espantos en materia de nieblas, pero veo que me engañaba.
—Pues bien —respondió Bell—, deberÃamos encender antorchas, como suele hacerse en Londres o en Liverpool.
—¿Por qué no? —replicó el doctor—. La idea es buena; no se alumbrarÃa mucho el camino, pero al menos se verÃa al guÃa y seguirÃamos mejor la lÃnea recta.
—Pero ¿cómo lo harÃamos —dijo Bell— para procurarnos antorchas?
—Con estopa empapada en espÃritu de vino y puesta en un extremo de nuestros palos.
—Bien pensado —respondió Johnson—; y es cosa que puede hacerse, desde luego.
