Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras EL PABELLÓN DE INGLATERRA
UN grito, salido de cuatro pechos, sucedió al primer instante de estupor.
—¡Hatteras! —dijo el doctor.
—¡Desaparecido! —Exclamaron Johnson y Bell.
—¡Perdido!
Miraron alrededor. Nada apareció en aquel mar tumultuoso. Duck ladraba con un acento desesperado, querÃa precipitarse en medio de las olas, y Bell podÃa difÃcilmente contenerle.
—¡Colocaos al timón, Altamont —dijo el doctor—, y hagamos cuanto humanamente pueda hacerse para encontrar a nuestro desventurado capitán!
Johnson y Bell volvieron a sus bancos. Altamont cogió la caña del timón, y la falúa errante se entregó al viento.
Johnson y Bell empezaron a bogar vigorosamente, y se pasó más de una hora en el lugar de la catástrofe. Todas las investigaciones fueron inútiles. El desgraciado Hatteras, arrebatado por el huracán, estaba perdido.
—¡Perdido! ¡Y tan cerca del Polo! ¡Tan cerca del objetivo que no habÃa hecho más que entrever!
