Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras CURSO DE COSMOGRAFÍA POLAR
NO es necesario decir que, para comer, los viajeros se sentaban en el suelo.
—Pero —decía Clawbonny—, ¿quién no daría todas las mesas, todos los comedores del mundo por comer a los 89° 59′ 15′ de latitud boreal?
Todos los pensamientos se referían, en efecto, a la situación presente, estando los ánimos subordinados a la predominante idea del Polo Norte. Los peligros que se habían arrostrado para alcanzarlo y los que había que arrostrar para el regreso a Inglaterra se olvidaban, al considerar aquel éxito sin precedentes que se había obtenido. Lo que ni los antiguos ni los modernos, lo que ni los europeos, ni los americanos ni los asiáticos habían podido hacer hasta entonces, acababa de llevarse a cabo.
Así es que el doctor fue escuchado con mucha atención por sus compañeros cuando les contó todo lo que la Ciencia y su inagotable memoria habían podido recoger, de lo que podía referirse a su situación actual.
Fue acogida con verdadero entusiasmo su proposición de brindis a la salud del capitán.
—¡A la salud de John Hatteras! —dijo.
—¡A la salud de John Hatteras! —Contestaron unánimemente sus compañeros.
