Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras CONCLUSIÓN
¿DE qué sirve ocuparse de las desventuras que abrumaron sin tregua a los sobrevivientes de la expedición? Ellos mismos no pudieron hallar jamás en su memoria el recuerdo circunstanciado de los ocho dÃas que transcurrieron desde el horrible descubrimiento de los restos de la tripulación. Sin embargo, el 9 de setiembre, por un milagro de energÃa, se hallaron en el cabo Horsburg, en la extremidad del Devon Septentrional.
Estaban extenuados de hambre. HacÃa cuarenta y ocho horas que no habÃan probado un bocado, y su última comida se debió a la carne de su último perro esquimal. Bell no podÃa ir más lejos, y el viejo Johnson se sentÃa morir.
Se hallaban a las orillas del mar de Baffin, helado en parte, es decir, en el camino de Europa. A tres millas de la costa, las olas libres se estrellaban con ruido contra los témpanos del campo de hielo.
Era preciso aguardar el paso problemático de un ballenero, ¿y cuántos dÃas aún?
Pero el cielo tuvo piedad de aquellos desgraciados, pues, al dÃa siguiente, Altamont distinguió perfectamente una vela en el horizonte.
