De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna En fin,-y para decirlo todo, si bien el hecho no tiene más garantÃa que la afirmación de algunos indÃgenas, media hora después de la partida del proyectil, algunos habitantes de Gorea y de Sierra Leona pretendieron haber percibido una conmoción sorda, última vibración de las ondas sonoras que, después de haber atravesado el Atlántico, iba a morir en las costas africanas.
Pero volvamos a Florida. Pasado el primer instante del tumulto, los heridos, los sordos, todos los que componÃan la multitud, salieron de su asombro y lanzaron gritos frenéticos, vitoreando a Ardan, a Barbicane y a Nicholl. Millones de hombres, armados de telescopios y anteojos de largo alcance, interrogaban el espacio, olvidando las contusiones para no pensar mas que en el proyectil. Pero lo buscaban en vano. No se le podÃa ya distinguir, y era preciso resignarse a aguardar a que llegaran los telegramas de Long's Peak. El director del observatorio de Cambridge ocupaba su puesto en las montañas Rocosas, siendo él, astrónomo hábil y perseverante, a quien se habÃan confiado las observaciones.