De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna ¿Y cuál no serÃa su sorpresa al ver que la llama de la cerilla producÃa una luz insufrible a la vista y que, aplicada al mechero de gas, lanzó unos resplandores como los del Sol mismo?
Al punto se le ocurrió una idea que explicaba juntamente la intensidad de la luz y las perturbaciones fisiológicas que habÃan sufrido y la sobreexcitación de sus facultades morales y pasionales.
—¡Es el oxÃgeno! —exclamó.
Y acercándose al aparato, vio que la llave dejaba salir en excesiva abundancia aquel gas incoloro, inodoro e insÃpido, eminentemente vital, pero que, en estado puro, produce las más graves perturbaciones en el organismo. En un momento de distracción, Miguel, habÃa dejado enteramente abierta la llave del aparato. Se apresuró Nicholl a contener aquel escape de oxÃgeno que saturaba la atmósfera y que podÃa ocasionarles la muerte, no por asfixia, sino por combustión.