De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —¿Y quién nos dice —exclamó Miguel Ardán— que la Luna no existiera desde mucho antes que la Tierra?
Las imaginaciones se desbordaban por el cuerpo ilimitado de las hipótesis. Barbicane quiso refrenarlas.
—Ésas son opiniones demasiado aventuradas —dijo—, y encierran problemas verdaderamente irresolubles. No vayamos tan lejos; admitamos únicamente la insuficiencia de la atracción primordial, y entonces, por desigualdad de los dos movimientos de atracción y de revolución, comprenderemos que los dÃas y las noches hayan podido ser en la Luna tan frecuentes como en la Tierra. Por lo demás, aun sin estas condiciones, era posible la vida.
—¿Es decir —preguntó Miguel—, que según todos estos antecedentes, la Humanidad ha desaparecido de la Luna?
—Sà —respondió Barbicane—, después de haber existido, sin duda, millares de siglos. Luego, poco a poco, por haber empezado a enrarecerse la atmósfera el disco se hacÃa inhabitable, como le sucederá un dÃa a la Tierra, por el enfriamiento.
—¿Por el enfriamiento?