Edgar Poe y sus obras
Edgar Poe y sus obras «Amigo mÃo —dijo con extraño humor—, ¿qué otro nombre darle? (consistÃa en amar la noche por la noche misma, la noche era su pasión). A esta extravagancia, como a todas las otras, me abandoné a mi vez sin esfuerzo, entregándome a sus extraños caprichos con perfecto abandono. La negra divinidad no podÃa permanecer siempre con nosotros, pero nos era dado imitarla. A las primeras luces del alba, cerrábamos las pesadas persianas de nuestra vieja casa y encendÃamos un par de bujÃas que, fuertemente perfumadas, solo lanzaban débiles y mortecinos rayos. Con ayuda de ellas ocupábamos nuestros espÃritus en soñar, leyendo, escribiendo o conversando, hasta que el reloj nos advertÃa la llegada de la verdadera oscuridad. SalÃamos entonces a la calle, tomados del brazo, continuando la conversación del dÃa o vagando al azar hasta muy tarde, mientras buscábamos entre las luces y las sombras de la populosa ciudad esa infinidad de excitaciones espirituales que no puede proporcionar la observación silenciosa.
»En esas oportunidades, no dejaba yo de reparar y admirar — aunque dada su profunda idealidad cabÃa esperarlo— una peculiar aptitud analÃtica de Dupin…
»… En aquellos momentos su actitud era frÃa y abstraÃda; sus ojos miraban como sin ver, mientras su voz, habitualmente de un rico registro de tenor, subÃa a un falsete…».