Edgar Poe y sus obras
Edgar Poe y sus obras Júpiter estaba en presencia de un cráneo retenido por un grueso clavo y descarnado por el pico de los cuervos. William le ordenó que pasara por el ojo izquierdo del cráneo la cuerda que sostenía al escarabajo, dejándolo colgar en dirección a la tierra.
Júpiter obedeció, y algunos instantes después, el animal se mecía a algunas pulgadas del suelo. William despejó el terreno, hizo que el escarabajo cayera a tierra y clavó una estaca de madera en el lugar exacto donde había caído. Entonces, extrajo una cinta para medir de su bolsillo y fijó un extremo en la parte del árbol más cercana a la estaca, desenrolló la cinta a una distancia de cincuenta pies, siguiendo la dirección establecida entre el árbol y la estaca. En el sitio alcanzado, fijó una segunda estaca a la extremidad de la cinta y tomándola por centro, trazó un tosco círculo de unos cuatro pies de diámetro y, con la ayuda de Poe y de Júpiter, comenzaron a cavar en la tierra. El trabajo continuó durante dos horas y ninguna indicación de tesoro aparecía. William estaba desconcertado. Sin decir mucho, Júpiter recogió las herramientas, y la pequeña tropa comenzó a caminar hacia el este.
Habían caminado apenas doce pasos, cuando Legrand se precipitó sobre Júpiter.
«¡Tunante! —gritó Legrand, haciendo silbar la palabra entre sus dientes—… ¿Cuál es tu ojo izquierdo?…».