Edgar Poe y sus obras
Edgar Poe y sus obras Dejando de lado lo incomprensible, es preciso admirar en las obras de Poe lo novedoso de las situaciones, la discusión de los sucesos poco conocidos, la observación de las facultades enfermizas del hombre, la selección de sus temas, la personalidad siempre extraña de sus héroes, su temperamento enfermizo y nervioso y su forma de expresarse mediante interjecciones extrañas. Sin embargo, en medio de estas imposibilidades, existe a veces una verosimilitud que se apodera de la credulidad del lector.
Me tomo ahora la libertad de llamar la atención hacia el lado materialista de estas historias. No se siente jamás en ellas la intervención providencial. Poe parece no admitirla y pretende explicar todo por las leyes físicas, que incluso inventa cuando las necesita. No se siente en él esta fe que debe darle la contemplación incesante de lo sobrenatural. Emplea lo fantástico con frialdad, si se me permite expresarme de esa manera, y este infeliz es aún un apóstol del materialismo, aunque creo que ello es menos la culpa de su temperamento que la influencia de la sociedad puramente práctica e industrial de Estados Unidos. Escribió, pensó y soñó como norteamericano, como hombre positivo y al estar consciente de esta tendencia, es preciso admirar sus obras.