El Chancellor

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CAPĂŤTULO XLVII

ANSIEDAD. — UN OBJETO EXTRAÑO. — SE CORTA LA CUERDA EN SEGUIDA. — HORRIBLE BANQUETE. — ¿ENVIDIA U HORROR?

18 de enero.

ESPERO que amanezca con singular ansiedad. ¿Qué dirá Hobbart? Me parece que tendrá derecho a denunciarme; pero, si refiero lo ocurrido, si digo que Hobbart ha vivido mientras nosotros perecíamos de hambre, que se ha alimentado sin saberlo nosotros, perjudicándonos, sus compañeros lo matarán sin piedad.

Sin embargo, deseo vivamente que sea de dĂ­a.

El hambre se ha moderado algo, a pesar de lo pequeño que era el pedazo de tocino; era poca cosa, un bocado, el último, como ha dicho aquel miserable. De todos modos, ya no sufro; pero tengo un gran remordimiento por no haber repartido con mis compañeros el escaso alimento de que a viva fuerza me apoderé. Habría debido pensar en la señorita Herbey, en Andrés, en su padre… y sólo he pensado en mí.

La luna sube hacia el cénit, y pronto aparecen en el horizonte los primeros albores de la mañana. El día vendrá rápidamente porque estamos en esas latitudes bajas en que no se conocen el alba ni el crepúsculo.

No he pegado los ojos. Al rayar el alba, veo una masa informe que se balancea hacia la mitad del mástil.


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