El Chancellor
El Chancellor ANSIEDAD. — UN OBJETO EXTRAÑO. — SE CORTA LA CUERDA EN SEGUIDA. — HORRIBLE BANQUETE. — ¿ENVIDIA U HORROR?
18 de enero.
ESPERO que amanezca con singular ansiedad. ÂżQuĂ© dirá Hobbart? Me parece que tendrá derecho a denunciarme; pero, si refiero lo ocurrido, si digo que Hobbart ha vivido mientras nosotros perecĂamos de hambre, que se ha alimentado sin saberlo nosotros, perjudicándonos, sus compañeros lo matarán sin piedad.
Sin embargo, deseo vivamente que sea de dĂa.
El hambre se ha moderado algo, a pesar de lo pequeño que era el pedazo de tocino; era poca cosa, un bocado, el Ăşltimo, como ha dicho aquel miserable. De todos modos, ya no sufro; pero tengo un gran remordimiento por no haber repartido con mis compañeros el escaso alimento de que a viva fuerza me apoderĂ©. HabrĂa debido pensar en la señorita Herbey, en AndrĂ©s, en su padre… y sĂłlo he pensado en mĂ.
La luna sube hacia el cĂ©nit, y pronto aparecen en el horizonte los primeros albores de la mañana. El dĂa vendrá rápidamente porque estamos en esas latitudes bajas en que no se conocen el alba ni el crepĂşsculo.
No he pegado los ojos. Al rayar el alba, veo una masa informe que se balancea hacia la mitad del mástil.
