El Chancellor
El Chancellor LOS PASAJEROS EN LA TOLDILLA. — NUEVA Y TERRIBLE COMPLICACIÓN
20 y 21 de octubre.
EN estas condiciones prosigue navegando el Chancellor, con toda la lona que su arboladura puede soportar, desplegada. A veces los masteleros de juanete se doblan bajo el peso hasta el punto que parece que van a romperse; pero Kurtis vigila constantemente, y, situado cerca de la rueda del timón, no permite que el timonel maniobre por sí mismo. Dando pequeñas guiñadas hábilmente producidas, cede a la brisa cuando la seguridad del buque podría verse comprometida, y el Chancellor continúa su marcha con la misma celeridad bajo la mano que lo dirige.
El día 20 de octubre, los pasajeros han subido todos a la toldilla, donde sin duda alguna han debido notar la elevación anormal de la temperatura en el interior de la cámara; pero, como no pueden sospechar la verdad, no abrigan el menor recelo. Por lo demás, sus pies, convenientemente calzados, no han sentido el calor que penetra las tablas del puente, a pesar del agua que sin cesar se arroja sobre ellas. Ni aun siquiera esta maniobra ha llamado su atención, y la mayor parte de ellos, sentados en sus bancos, se dejan mecer por el balanceo del buque en estado de perfecta e ignorante tranquilidad.
