El Chancellor
El Chancellor ROBERTO KURTIS SE ENCARGA DEL MANDO. — SE MANTIENE EL RUMBO AL SUDOESTE
22 y 23 de octubre.
ROBERTO Kurtis ha informado de todo al capitán Huntly, a quien por ser su jefe, no podÃa ocultar la situación.
El capitán no responde una sola palabra, y después de pasarse la mano por la frente como si quisiera desechar una idea importuna, vuelve a entrar tranquilamente en su camarote sin dar ninguna orden.
—Es imposible detener el incendio —dice Kurtis—, y ya la temperatura del puente de proa es inaguantable. Llegará el momento, y quizá pronto, en que la intensidad del fuego será tal que las llamas salgan al exterior. Si antes de esto, el estado del mar nos permite utilizar las lanchas, abandonaremos el buque. Si, por el contrario, no nos es posible dejar el Chancellor, lucharemos contra el fuego hasta el último momento. Tal vez combatiremos mejor al enemigo que da la cara que al enemigo que se oculta.
—Esa es mi opinión —responde tranquilamente el ingeniero.
—Y la mÃa —contesto yo—, pero señor Kurtis, ¿ha olvidado usted que hay treinta libras de una sustancia explosiva encerradas en la bodega?
