El faro del fin del mundo
El faro del fin del mundo VII
¡Qué horrible noche iba a pasar el desgraciado Vázquez en aquella situación! Sus infortunados camaradas asesinados, arrojados después por la borda, los cadáveres de los cuales arrastrarÃa el reflujo hacia el mar. No pensaba que, si no hubiera estado de guardia en el faro, su suerte hubiera sido la misma. Pensaba únicamente en los amigos que acababa de perder.
—¡Pobre Moriz, pobre Felipe! —decÃa él—; habÃan ido a ofrecer, con toda confianza, sus servicios a los miserables que contestaron con tiros de revólver. .. ¡Ya no les volverÃa a ver... ya no volverÃan a contemplar su paÃs ni su familia!... Y la mujer de Moriz, que le esperaba dentro de dos meses, ¡qué horrible dolor cuando supiera su muerte!... Vázquez estaba aterrado. Era una sincera afección la que experimentaba por sus dos subordinados... ¡Les trataba hacia tantos años! Por sus consejos habÃan sido destinados al servicio del faro, y ahora se encontraba solo... ¡solo!...
¿Pero de dónde venÃa aquella goleta y qué tripulación de bandidos llevaba a bordo?
