El Rayo verde
El Rayo verde —¡Ah, esto es demasiado! —exclamó el hermano Sib.
—¡Verdaderamente es demasiado! —corroboró el hermano Sam.
«TenÃa que haberlo dejado colgado en la roca —se dijo Olivier Sinclair—. Al menos aún estarÃa allû.
La señorita Campbell, con los labios apretados y la mirada baja, no pronunció ni una palabra.
¡Una vez más, y por culpa de Aristobulus Ursiclos, se le habÃa escapado el Rayo Verde!