El Rayo verde
El Rayo verde Al día siguiente, mientras la señorita Campbell descansaba en el lecho que le habían preparado al fondo de Clam-Shell, los hermanos Melvill se paseaban, cogidos del brazo, por delante de la cueva. No se decían nada, pero ¿tenían necesidad de palabras para expresar los mismos pensamientos? Los dos movían la cabeza de arriba abajo, cuando tenían que asentir, y de izquierda a derecha cuando denegaban. Y ¿qué otra cosa podían afirmar, sino que Olivier Sinclair había expuesto su vida para salvar a la imprudente jovencita? ¿Y qué negaban? Pues que sus primeros proyectos fueran ya realizables. En aquella muda conversación, se dijeron muchas cosas, cuyo próximo desenlace veían claramente tanto el hermano Sam como el hermano Sib. A sus ojos, Olivier ya no era Olivier. Se había convertido en el propio Amin, el héroe más perfecto de las epopeyas gaélicas.
Por su parte, Olivier Sinclair era presa de una excitación extraordinaria. Por un sentimiento de delicadeza, deseaba sentirse solo. Se hubiera notado cohibido ante los hermanos Melvill, como si con su presencia quisiera exigir el pago de su abnegación. Por esto salió de la gruta de Clam-Shell y dirigió sus pasos hacia la meseta de Staffa.