El Rayo verde
El Rayo verde Pero de aquella última tarde pasada en la meseta de Staffa, Olivier Sinclair, a pesar de no haber visto el fenómeno, tan buscado, tuvo interés en plasmar el recuerdo de una manera más duradera. Por esto un dÃa expuso una «puesta de sol» de un efecto muy particular, en la cual se admiró mucho un rayo verde, de gran intensidad, que parecÃa pintado con el tono de una esmeralda en fusión.
Aquel cuadro levantó una ola de admiración y de discusiones, ya que mientras unos pretendÃan que era un efecto natural reproducido maravillosamente, otros sostenÃan que era puramente fantástico, y que la naturaleza no producÃa nunca efectos semejantes.
Esto causaba una gran irritación en los dos tÃos, que habÃan visto el famoso rayo y daban la razón al joven pintor.
—Incluso —dijo el hermano Sam— es mejor mirar el Rayo Verde en pintura…
—… que al natural —contestó el hermano Sib—; pues el mirar tantas puestas de sol una tras de otra, llega a dañar la vista.
Y tenÃan toda la razón, los hermanos Melvill.
Dos meses después, los recién casados y sus tÃos se paseaban por las orillas del Clyde, frente al jardÃn de la finca, cuando encontraron inesperadamente a Aristobulus Ursiclos.