El Rayo verde
El Rayo verde —Pues bien —dijo la señorita Campbell con un tono que intentaba ser lo más severo posible—, tenÃan que haber escogido otro punto que no fuera Oban, aun cuando tuvieran que sacrificar las ventajas que les reportaba el encuentro con el señor Aristobulus Ursiclos.
Los hermanos Melvill bajaron instintivamente la cabeza y no contestaron a aquel certero golpe.
—Haremos inmediatamente los preparativos para marchamos hoy mismo —dijo la señorita Campbell.
—¡Vámonos! —contestaron los dos tÃos, que no podÃan hacerse perdonar su equivocación más que con un acto de obediencia pasiva.
Y, seguidamente, como de costumbre, empezaron a llamar:
—¡Bet!
—¡Beth!
—¡Bess!
—¡Betsey!
—¡Betty!
La señora Bess compareció, seguida de Partridge. Los dos fueron advertidos al momento, y sabiendo que su joven ama siempre tenÃa razón, no hicieron preguntas sobre aquella partida tan precipitada.
Pero no habÃan contado con el señor MacFyne, el propietario del Caledonian Hotel.