El soberbio Orinoco

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CAPÍTULO X

EN LA DESEMBOCADURA DEL META

Después de acercarse a la ribera izquierda del río, las tres piraguas pudieron apartase del raudal de Cariben sin necesidad de desembarcar su material. Hacia las seis de la tarde fueron una tras otra a amarrar en el fondo de un puertecillo.

En otra época, los pasajeros hubieran encontrado en aquel sitio una aldea habitada por una población activa, dotada de cierto movimiento comercial y que deseaba prosperar. Al presente, la ruina había llegado^ por las causas que se saben, y Cariben no contaba más que cinco casas de indios, una menos que en la época en que Chaffanjon desembarcara allí con el general Oublion.

Pedir hospitalidad a los pocos yaruros que las habitan no hubiera ofrecido ventaja alguna. Tampoco podían las falcas reponer sus provisiones, cosa que no importaba, pues en Urbana lo habían hecho abundantemente y podrían llegar a Atures sin tener necesidad de renovar las provisiones.

Al día siguiente, 31 de agosto, las amarras fueron largadas poco antes del alba. La navegación seguiría aún perfectamente si la brisa continuaba soplando del Norte. La dirección que había de seguirse era al Sur, y Cariben se encontraba a mitad del camino, entre Urbana y San Fernando.


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