El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco ÚLTIMOS CONSEJOS DE MANUEL ASUNCIÓN
Es inútil insistir sobre los sentimientos de Jacques Helloch desde el día en que Juan había dejado el sitio a Juana, desde el día en que la hija del coronel De Kermor, después de haber sido salvada de las aguas del Orinoco, no podía ocultarse bajo el disfraz del supuesto sobrino del sargento Marcial.
Se explica lógicamente que la naturaleza de estos sentimientos no se ocultase a Juana, que contaba veintidós años, aunque bajo el traje de un joven no pareciera tener más que diecisiete.
Germán Paterne, que no entendía nada de aquellas cosas a creer a su compañero, había notado los cambios que por inevitable gradación se producían en el corazón de Jacques Helloch. Y si le hubiera dicho: «Jacques, tú amas a la señorita Juana de Kermor», es seguro que aún Jacques le hubiera respondido: «Mi pobre amigo, tú no entiendes nada de estas cosas».
Así es que Germán Paterne no esperaba más que un momento oportuno para expresar su opinión en este asunto, aunque no fuera más que para rehabilitar en su propia persona a los naturalistas, botánicos y demás sabios de este jaez, que no son tan extraños a los sentimientos más delicados del alma como se supone en este bajo mundo.
