El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco A BORDO DEL SIMÓN BOLÍVAR
«El Orinoco sale del Paraíso». Esto se dice en la narración de Cristóbal Colón.
La primera vez que Juan enunció esta opinión del gran navegante genovés ante el sargento Marcial, éste se limitó a responder:
—Ya lo veremos.
Y tal vez tenía razón para poner en duda la magnífica aserción del ilustre descubridor de América.
Igualmente conviene poner en el rango de las puras leyendas que el gran río baja del país de El Dorado, como parecen creer los primeros exploradores, los Ojeda, los Pinzón, los Cabral, los Magallanes, los Valdivia, los Sarmiento y tantos otros que se aventuraron por las regiones de la América del Sur.
Sea lo que quiera, el Orinoco traza un inmenso semicírculo en la superficie del territorio, entre el tercero y octavo paralelo, al Norte del Ecuador, cuya curva se extiende más allá del grado 70 de longitud al Oeste del meridiano de París. Los venezolanos se muestran orgullosos de su río, y es evidente que, en este particular, Miguel, Felipe y Varinas en nada cedían a sus compatriotas.
