El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco EN CAMINO
Socorrer a aquellos franceses prisioneros de los quivas, no era cosa que permitiera dudas después de las precisas respuestas del joven indio.
El misionero se hubiera, pues, puesto en camino aquella misma tarde, y se hubiera arrojado al través de la sabana, de saber en qué dirección efectuar sus pesquisas.
En efecto. ¿Dónde se encontraba actualmente Alfaniz…? ¿Cerca del vado de Frascaés…? No… Según afirmaba Gomo, había abandonado este sitio al siguiente día del ataque. Además, su interés le exigía alejarse de Santa Juana, sepultarse en medio de los bosques vecinos de la sierra, tal vez también volver al Orinoco, a la embocadura del Torrida, para apoderarse de las piraguas y tripulaciones de éstas.
El padre Esperante comprendió que era preciso reconocer detenidamente la situación antes de ponerse en campaña.
A las seis, dos indios montaron a caballo y se dirigieron hacia el vado de Frascaés.
Tres horas después estaban de vuelta, sin haber encontrado huella de los quivas.
¿Habían atravesado el río Alfaniz y su cuadrilla para llegar a los bosques del Oeste, o bajarían hacia la sierra Parima, para llegar por el ribazo izquierdo del río al campamento del pico Maunoir?
