El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco DOS MESES EN LA MISIÓN
Desde la desaparición del coronel De Kermor, desde su partida para el Nuevo Mundo, habían transcurrido catorce años, cuya historia vamos a extractar:
En 1872 supo, con el naufragio del Norton, la noticia de que su mujer y su hija habían perecido en este siniestro marítimo. Las condiciones en que la catástrofe se había verificado no le permitían creer que de dos seres tan queridos, el uno, su hija Juana, de corta edad entonces, se hubiera salvado. Ni aun la conocía, puesto que él se había visto obligado a salir de la Martinica algunos meses antes de que la niña naciera. Durante un año más, el coronel De Kermor siguió al frente de su regimiento. Después presentó su dimisión, y como ningún lazo de familia le unía al mundo, resolvió consagrar el resto de su vida a la generosa obra de las misiones extranjeras.
Había siempre en él, con el alma de un soldado, el alma de un apóstol. El oficial estaba en condiciones de fundirse en el sacerdote, en el sacerdote militante que se consagra a la conversión, en otros términos, a la civilización de las tribus salvajes.
El coronel De Kermor, sin haber puesto a nadie, ni aun al sargento Marcial, al tanto de sus proyectos, abandonó secretamente Francia en 1875, y fue a Venezuela, donde tantas tribus indias estaban sumidas en la ignorancia, y en la degradación física y moral.
