El soberbio Orinoco
El soberbio Orinoco Conviene recordar que dicha carta, encontrada entre los papeles del notario, no fue comunicada al sargento Marcial hasta 1891, cuando Juana de Kermor se había reunido a él desde hacía seis años.
En San Fernando, gracias a sus recursos personales, el padre Esperante pudo procurarse el material necesario para la creación de un establecimiento más allá de las fuentes del río. En aquel sitio también se unió a él el hermano Angelos, ya familiarizado con las costumbres indias y que debía aportar a la obra del padre Esperante su concurso no menos útil que lleno de abnegación.
El hermano Angelos llamó la atención del padre Esperante sobre los guaharibos, de los que el mayor número vagan por las orillas del Alto Orinoco y en la vecindad de la sierra Parima. Evangelizando a estos indios se haría un acto de caridad, pues estaban en mísero estado, y acto de civilización, pues se contaban entre los más feroces de los indígenas de Venezuela. Como no se ignora, estos guaharibos tenían reputación de bandidos, asesinos y hasta antropófagos, reputación que no merecían. Pero no era esto motivo para detener a hombre tan determinado como el excoronel De Kermor, y resolvió crear un centro de misión en el Norte del Roraima, agrupando en torno suyo a los indígenas de la región.