El Testamento de un excéntrico

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CAPÍTULO VII

EL PRIMERO QUE MARCHA

Al siguiente día, la gran estación de Chicago presentaba extraordinaria animación. ¿Qué la motivaba? Evidentemente la presencia de un viajero, en traje de turista, con sus arreos de pintor al hombro, seguido de un joven negro, portador de un maletín y de un saco en bandolera, que se aprestaba a tomar el tren de las ocho y diez de la mañana.

No faltan ferrocarriles que crucen en todas direcciones el territorio de la República Federal. En los Estados Unidos el valor de los caminos de hierro sobrepasa los 55 milliards de francos, y 700 000 individuos están empleados en su explotación. Solamente en Chicago hay un movimiento diario de 300 000 viajeros, sin contar las 10 000 toneladas de periódicos y cartas que los vagones transportan anualmente.

Dedúcese de ahí que ninguno de los siete jugadores hallaría dificultades para trasladarse al punto que el capricho de los dados le indicara. Además hay que añadir a estas múltiples vías férreas los steamers y los steamboats, barcos que surcan los canales, los lagos y los ríos. En lo que respecta concretamente a Chicago, es fácil partir y no menos fácil regresar.


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