El Volcán de oro
El Volcán de oro Durante los días siguientes se declaró el mal tiempo. Subieron fuertes tormentas del sur, y parecía que bajo la acción de aquellas perturbaciones atmosféricas el volcán daba signos de mayor actividad. En medio de los vapores aparecieron algunas llamas, pero no llegó a arrojar sustancias contenidas en el cráter.
Por otra parte, las tormentas no duraron y fueron seguidas de lluvias torrenciales. Hubo una inundación parcial del estuario del Mackensie y las aguas se desbordaron en las dos ramas principales del río.
Es inútil señalar que durante aquel enojoso periodo, Summy Skim no pudo proseguir sus cotidianas partidas de caza, y las jornadas le parecieron largas. Por una parte, el Explorador se había sentido obligado a ponerle al corriente de las intenciones de Ben Raddle; regresar, si era necesario, a pasar el invierno en Dawson City dejando a su primo con toda libertad para regresar a Montreal, aunque quisiera volver a participar en la campaña de la próxima primavera.
El primer impulso de Summy Skim fue de rechazo; pero se contuvo y dijo solamente:
—¡Estaba seguro de ello!
Y como Ben Raddle no le hizo ninguna confidencia, él guardó la misma reserva esperando la hora en que sería necesaria una explicación definitiva.