Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Aventuras de Arthur Gordón Pym.
VIII
El 8 de Septiembre, por la tarde, me despedà de su excelencia el gobernador general del archipiélago de Tristán de Acunha, tal era el tÃtulo oficial que se le daba al ex cabo de la artillerÃa británica. Al dÃa siguiente, antes del alba, la Halbra- ne se puso a la vela.
No hay que decir que yo habÃa obtenido permiso del capitán Len Guy para seguir a bordo hasta que llegásemos a las islas Falklands; tratábase de una travesÃa de 2.000 millas que no exigirÃa más que una quincena de dÃas por poco que el viento nos favoreciese, como habÃa favorecido nuestra navegación entre las Kerguelen y Tristán de Acunha. No me pareció que mi petición sorprendiera al capitán Len Guy; hubiérase dicho que la esperaba. Lo que yo por mi parte esperaba era que volviese a hablarme de la cuestión de Arthur Pym, sobre la que guardaba silencio desde que el desdichado Patterson le habÃa dado razón contra mà en lo concerniente al libro de Edgard Poe.