Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos II
Trescientas toneladas de cabida, arboladura inclinada que le permite ceñir el viento, muy rápida en su andadura, un velamen que comprendo: mástil de mesana, mesana goleta, bambola, gavia y mastelero de juanetes. En el palo mayor, cangreja y espiga; en la proa trinquete, grande y pequeño foque. Tal es el schooner esperado en Christmas-Harbour; tal es la goleta Halbrane.
A bordo había un capitán, un lugarteniente, un contramaestre, un cocinero y ocho marineros; total 12
hombres, lo que es bastante para la maniobra. Construido sólidamente, con las cuadernas y hordaje empernados con cobre, de buen velamen, aquel barco, muy marino, muy manejable, apropiado a la navegación, entre los cuarenta y sesenta paralelos Sur, hacía honor a los constructores de Birkenhead. Atkins me había dado estas noticias, excuso decir que con gran acompañamiento de elogios.
El capitán Len Guy, de Liverpool, era por las tres quintas partes propietario de la Halbrane, que mandaba desde hacía unos seis años.