Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Los volátiles ocupaban por millares las islas e islotes. Sobre las rocas, cubiertas de estiércol, había, además de los pingüinos, gran número de esas palomas blancas, de las que ya había visto algunas muestras. Son zancudas, no palmípedas, de pico cónico poco largo, párpados circundados de rojo, y se las caza sin gran fatiga. El reino vegetal de las New-South-Orkneys, donde domina el cuarzo de origen volcánico, está únicamente representado por líquenes grisáceos y algunos raros fucos de especie laminar. En cantidad abundante lepadas sobre la playa, y en las rocas almejas, de las que se hizo gran provisión.
Debo decir que el contramaestre y sus hombres no dejaron escapar esta ocasión de exterminar a bastonazos varias docenas de pingüinos. No obedecía esto a censurable instinto de destrucción, sino al legítimo deseo de procurarse alimento fresco.
-Esto vale tanto como un pollo, señor Jeorling-afirmó Hurliguerly.-¿No los ha comido usted en las Kerguelen?
-Sí, contramaestre; pero los preparaba Atkins.
-Y bien: aquí los preparará Endicott, y no advertirá usted diferencia.
En efecto: el cocinero guisó los pingüinos admirablemente.