Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Después de todo, ¿por qué no, puesto que lo blanco, el traje del invierno, el color de las nieves, les anunciaba la proximidad de la mala estación, que debía encerrarles en una prisión de hielo? ¿Qué pensar de aquellos fenómenos insólitos señalados más allá, de los vapores grises del horizonte, de las tinieblas del espacio, de la luminosa transparencia de las profundidades pelágicas, en fin, de la aérea catarata y de aquel gigante blanco que se erguía en los umbrales del polo?
Sobre esto me reservaba mi opinión, y esperaba. Respecto al capitán Len Guy, se mostraba indiferente a todo lo de la relación de Arthur Pym que no se refería directamente a los abandonados en la isla Tsalal, pues la salvación de éstos era su única y constante preocupación.
Puesto que tenía ante mis ojos la relación de Arthur Pym me prometía hacer su crítica poco a poco, separar lo verdadero de lo falso, lo real de lo ficticio; y tenía la convicción de que no encontraría señal de aquellas cosas extrañas que, en mi opinión, habían debido ser inspiradas por la imaginación sugestiva del poeta americano.