Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Una palabra solamente sobre la disposición de espíritu en que todos estábamos a bordo de la Halbrane. A algunas encabladuras estaba el islote sobre el que Arthur Pym y William Guy habían puesto la planta once años antes. Cuando la Jane llegó a él, no se encontraba ella en condiciones muy favorables, porque el combustible empezaba a faltarla y los síntomas del escorbuto se manifestaban en la tripulación. Por el contrario, a bordo de nuestra goleta, la salud de los marineros era excelente; y si los reclutados últimamente se quejaban entre ellos, los antiguos se mostraban llenos de celo y de esperanza, en plena satisfacción de estar tan cerca del fin que se proponían.
Se adivina cuáles debían ser los pensamientos, deseos e impaciencia del capitán Len Guy. Devoraba con los ojos el islote Bennet.
Pero había un hombre cuyas miradas se fijaban allí con más obstinación: éste era Hunt.