Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Se accedió a la justa pretensión del contramaestre. La niebla se había disipado; un sol claro iluminaba entonces la parte oriental del ice-berg, desde donde la mirada abarcaba una larga extensión de mar. Por aquella parte, en lugar de las superficies lisas, sobre las que el pie no hubiera podido encontrar punto de apoyo, los flancos presentaban anfractuosidades, rebordes y hasta planicies donde sería fácil establecer un campamento provisional. No obstante, preciso hubiera sido guardarse de la caída de enormes bloques en desequilibrio, que una sacudida podía lanzar lejos.
Y, en verdad, durante la mañana varios de estos bloques rodaron con espantoso ruido de avalancha hasta el mar. En resumen: parecía que fuera sólida la base del iceberg. Por lo demás, si su centro de gravedad se encontraba sobre el nivel de la línea de flotación, no era de temer que diera otra vuelta.
Desde la catástrofe yo no había tenido ocasión de hablar con Dirk Peters. Como cuando le llamaron él había respondido, yo sabía que no se contaba entre las víctimas. En aquel momento lo vi inmóvil..., y se supone adonde se dirigían sus miradas.