Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Jamás he encontrado, en el curso de mis viajes al través de todos los Océanos, carácter parecido. Jem West había nacido en la mar, y desde su infancia había vivido a bordo de una gabarra, de la que era patrón su padre y sobre la que vivía toda la familia. Nunca, en ninguna época de su existencia, había respirado más aire que el salino de la Mancha, del Atlántico o del Pacífico. Durante las escalas, él no desembarcaba más que para las necesidades de su servicio, fuese éste del Estado o del comercio. Si se trataba de abandonar un navío por otro, llevaba a éste su equipaje y ya no se movía. Marino por el alma, este oficio era toda su vida. Cuando no navegaba en lo real, lo hacía con la imaginación. Después de haber sido mozo, grumete, marinero, llegó a ser contramaestre segundo, después primero... y, al fin, lugarteniente de la Halbrane, y desde diez años antes desempeñaba las funciones de segundo a las órdenes del capitán Len Guy.